La rutina es un ámbar gris. Embalsama y nos pensamos que aliena.
Nos quita el tiempo y la personalidad. No nos deja crecer y es prácticamente sinónimo de estar muerto. Aún peor, de no existir en vida.
Es su culpa. Nosotros desde luego somos mucho más que nuestra agenda.
Y bien, sin una buena rutina el hombre se vuelve loco. Enferma.
El reloj biológico del hombre existe.
Incluso tenemos nuestra propia hora zombie, durante la cual se ha registrado el mayor índice proporcional de accidentes laborales.
Esta se circunscribe más o menos alrededor de las 4 de la madrugada. Hora de sueños.
También nuestro propio ciclo circadiano nos proporciona hormonas determinadas en intervalos precisos. Para mantenernos y no para transcerdernos.
Para vivir, que no es que sea mucho, que lo acaba siendo todo.
Existen rutinas estudiadas más o menos óptimas para un desarrollo físico adecuado. Esto es biológicamente irrefutable.
Y de la mano de esta afirmación nos encontramos con otra sangrante realidad para anarquistas, atormentados artistas y determinados revolucionarios.
El hombre sin un horario, enferma de caos.
Literalmente. Glandularmente.
Y con el tiempo, muere.
Necesitamos el calendario, las fechas rojas.
Aquella absurda hora marcada por papá y mamá para la comida, cena y cama, que en nuestra rebelde adolescencia asaltamos y evitamos. Por un rato.
Es una realidad que a la par constituye una perfecta bendición. Nos permite pensar que seríamos algo más si no nos esclavizara el excel. Si las vacaciones fueran más largas, o si no hubiera que cumplir con quien fuera para trabajar o dormir con exactitud.
El hecho es que no sabemos qué hacer a partir de un determinado numero de horas "en blanco".
Llegado un punto no cumplen los hobbies y la mente del hombre ante su atronador espasmo acaba girándose con curiosidad hacia sí misma.
Y luego con reconocimiento, y al final con hastío.
Así no funciona "bien".
Esta "anécdota" es.. vacía. Y nos define.
El hecho es que somos menos que nuestras pretensiones desde luego. Y que el reloj biológico es además un caritativo salvaguarda del tiempo que nos queda.
Está más que bien pensado.
Nos proporciona, bien cumplido, salud y normalidad. No es mediocridad aunque se le parezca tantísimo.
No lo es porque la alternativa es la enfermedad y la locura. El destello que se extingue en pocos años. La vida rápida.
Y lo que queremos es una vida lenta y larga aunque pase volando. Incluso por encima nuestro.
Lo de menos es la marca que deje el fogonazo. Somos de esas velas de la abuela alimentadas con sal que parece que duraron incluso más que ella.
No queremos un cambio en el futuro, queremos vivirlo todavía.
Nada de dejar muescas, todas deberían estar en las cachas de nuestro propio revólver.
Queremos tiempo. Más tiempo. Del que sea. Del que se pueda tener.
Y él caritativo nos sigue queriendo a nosotros.
También somos lo único que tiene, por ahora.
La alfombra roja de los oscars la usaría yo para limpiarme el culo. Sólo como libertad de expresión. Aunque no me dejarían hacerlo.
Yo suelo escuchar la radio. Hoy en la radio hablaban de los oscars, mucho. La alfombra roja y los modelos y peinados que enmarcaba han ocupado tantos minutos de algún tipo de debate.
Es un tema que me la trae más floja que mi peor pesadilla prostática. No así el hecho que subyace detrás de la atención que suscita dicha parafernalia.
Lo que escondemos debajo de la alfombra.
Penélope cambió un vestido por otro en el último momento, eso fue toda una campanada, ya que nadie esperaba que apareciera de Versace. Bien, yo no lo esperaba.
No soy terrorista. Y no hay buen sitio para poner una bomba. Pero los toros apuntan al rojo, en especial si se contonea arrogante. No hubiera sido un mal momento para hacer volar más alto aún a la alta costura.
El juego de los numeritos es cansino, y no empezaré a elucubrar sobre quién deshilvanó la fibra 1 millón del tapete de la Fama, en qué condiciones. Ni sobre las vacunas que hubieran podido comprarse con el botox que intoxicaba la mejilla de algún octogenario violador de jovenes artistas que nunca llegaron a nada ni guardando silencio.
No tan especificamente, pero es un juego de correspondencias que admito que me hace "perder" al día más tiempo que cualquier idea productiva. Y como he dicho no escribiré acerca de ello. Ni de la alfombra, aunque claro, ya lo haya hecho.
En fin, soy humano y esto trata de dioses y de aquellos que los crearon.
Ahora pensaba en el público. Show must go on. Las tragedias shakespearianas reproducen arquetipos de conducta humana que antes chapurrearon los chamanes y luego fabularon los griegos y tantas otras civilizaciones en función(en estricto resumen) de qué comían y de cómo lo conseguían.
Estos ejemplos, Esopo y los hermanos Grimm, cada cuento chino y evangelio cristiano muestran nuestras miserias y límites, y añaden como guillotinas sus moralejas universalmente inteligibles e irrefutables.
Pero estos tratados de la condición humana no son manuales de maniobra, su objetivo primero nunca radicó en aleccionar. Ni siquiera en prevenir. Y sí que lo parece.
En el fondo se ha tratado siempre, aunque no existiera neón ni Broadway, de productos. Productos para el público que los demandaba. Que ávido los iba a consumir.
El hombre conoce al hombre no porque sepa redactar de forma prácticamente epistolar los instintos más pobres y las pasiones más elevadas de él mismo, sino porque sabe qué es lo que quiere; Desde unos gemelos de Dior, hasta un icono, un logotipo de Dios con triángulo y ojo, o de bambas, inevitables fines del mundo con variados acentos, leyendas que conservan el fuego ancestral encendido antes de dormir y que nos acompañan después y no nos dejan solos. Eso queremos.
Hollywood, el sagrado bosque creó la moda para su panteón. Pero sólo porque sus fieles compraron aquellos trapos que se parecían y les distinguían haciéndoles iguales. Nunca estar solos.
Así se "inventó" la Moda, otro día me cagaré en ella.
El cine nos provee ahora de mitos que imitar. Vidas fantásticas acerca de las que leer el antiguo y el nuevo y el otra vez reinventado testamento. Tantas veces como capten nuestra politeísta atención. El padre y el hijo y el espíritu insano, adoramos y entendemos el milagro del único Dios con sus coches diferentes de prestaciones similares.
Con su auge y crucifixión tantas veces recontadas y detalladas como paguemos.
Con Dinero.
El dinero es sangre de niños soldado, de mujeres golpeadas y cocinando literal sopa de piedras. Eso llevamos en los bolsillos.
Y si tenemos que elegir, sabemos bien en qué gastarla, la verdadera y única Religión nos lleva de la mano. Y así, con nuestras manos la pedimos, la modelamos.
Está en las escrituras, ahora ya brillantes de pantalla plana. Sabemos que los dioses necesitan el sacrificio, esa sangre de los inocentes. Los menos culpables.
En la alfombra roja lucían felices nuestras plegarias de las tablas de la Ley Visa.
El vermellón, el becerro dorado con diamantes. Nuestros dioses están en su apogeo, satisfechos, y eso nos concede a nosotros una Historia que admirar, mucho más grande que nosotros. Y sobretodo, a la que pertenecer.
El Show debe continuar, mientras continúa somos algo más que inmortales que pueden sobrevivir incluso a alguna figura del Panteón.
Mientras dura, no estamos nunca solos.
Debemos distraernos.
Gracias a Dios es tan bonito estar vivo. Todos somos Abraham si es necesario y siempre que lo sea.
Y nos multiplicaremos como granos de arena, y nuestro será el mundo. Y cada uno de sus granos.
Con el respeto debido. (Debo una de respetos..)
Hará un par de días falleció Nosequé Rocasolano (que hay que ver cómo suena a "nosequé-nosecuántos", anónimo aire que presumiblemente le hubiera gustado a ella mantener). Hermana de Leticia Rocasolano (que a su vez suena a vecina de Pedro y Vilma).
Por supuesto que aquí hablo de Nuestra Princesa, inspiración y trascendente conversación de toda ama de casa con tabla de planchar y tele contigüas.
Leticia, dura y dulce como apostilla el apellido que compartía con la recién fallecida Nosequé(es una faena ser recién fallecido, ya que por un pelo no estás vivo.)
Quién le iba a decir a Nuestra Señora que su hermana pequeña-con la de cabezas que le habría ido sacando en su feliz infancia compartida- le iba a acabar sacando un cuerpo entero de ventaja precisamente en lo que a fama se refiere.
Fama de la realmente espumosa. Que se queda en nada.
El porqué escribo acerca de la "realeza" en este inicio de "blog" es por lo siguiente. (Pues claro que hay un motivo!)
Andaba yo escanciando las noticias a cucharadas de rico cereal cuando zás!!
Media Familia Real asomaba por el pesebre de 36" dando el pésame(algo que nadie quiere tener, tú la llevas) a la otra media, que recibía(sísísí).
Y aquí fue cuando mi atención se cegó en un abrazo de titanes griegos, de gemelos de Rodas erguidos treinta centímetros por encima del puerto de la ciudad, la morgue y la plebe.
Iñaki Urdangarín y el Príncipe Campechano daban y tomaban consuelo.
Los brazos de astillero se cerraban sobre espaldas inabarcables. Las costuras de los ipsalorén se tensaban en mayestáticos dorsales justificando ahora sí, su precio.
Redioss, cómo evitar un escalofrío de mi parte femenina en la parte más masculina de mi cuerpo!
Ha sido justo entonces cuando antes que la lujuria, una profunda tranquilidad me ha invadido. Un recojimiento de orilla de chimenea.
Y bien seguro he afirmado con la boca llena:
"Si nos liáramos a ostias por familias reales.. en España barreríamos!"
Porque es cierto que no tenemos ni un cochino portaaviones como Dios manda, y que lo más parecido a armas de destrucción masiva que manejamos sería ir tirando toros con paracaídas(de las mejores ganaderías y resabiaos) en territorio enemigo.
Pero qué coño, pensándolo como si de una Copa Davis se tratase(es cierto que el punto del Marichalar lo tendríamos perdido por dopado que se presentara), daría igual los bárbaros vikingos o los jodidos visires que enviaran a la refriega..
En el dobles los corríamos a gorrazos!!
Y es que menudos bigardos que tenemos defendiéndonos.
O lo que sea que hagan.